Artículo de Revista Global 89

Toni Morrison: Única y excepcional

La escritora norteamericana Tony Morrison, ganadora del Premio Nobel, falleció recientemente. A continuación se hace un recuento de su obra, de sus motivaciones y de su inspiradora vida. Desde sus inicios como empleada de una editorial a su relación con los movimientos revolucionarios de los sesenta, a sus primeras novelas y culminando con la entrega del Nobel, Tony Morrison es de las pocas escritoras recientes que, sin caer en retóricas políticas ni en sensiblerías hipócritas, nos habla de nuestros tiempos convulsos y de las cosas más profundas del alma.

Toni Morrison: Única y excepcional

Toni Morrison se despidió con la sobriedad y la serenidad que la caracterizó en vida. Elegante, segura y discreta, nos deja una obra narratológica fundamental que contribuye a la riqueza y sutileza de nuestra América, del norte y del sur.

Recordamos haberla disfrutado en diversos foros, siempre a la vanguardia de la lucha; alta, seria, con un simple esbozo de sonrisa y una luz de sabiduría en los ojos, perteneciente a un mundo secreto de la memoria y del dolor, pero, también, de la conciencia, de la determinación y de la lucha. Toda su obra nos facilita los surcos necesarios para profundizar el contexto de la descendencia africana en su marco histórico y colonial en una América sajona en la que el sistema esclavista tomó diversas dimensiones de explotación y de abolición que arrastraron por muchas décadas consecuencias humanas políticas y psíquicas que todavía hoy no están cicatrizadas, ni tan siquiera resueltas, pues en Estados Unidos de Norteamérica siguen tocando las campanas del racismo y de la exclusión. Las novelas se estructuran y se envuelven en el destino colectivo de explotación y de liberación que la escritora sustenta a través de personajes centrales en cada uno de sus libros. En dichas páginas, hombres y mujeres, adultos y niños, condenados por la Historia, viven una historia familiar, individual y colectiva en el camino existencial de resistencia por encima de la predeterminación del poder.

En La noche de los niños, su undécima novela, que transcurre en la actualidad, sitúa en el mismo centro de la narración a un personaje llamado Bride cuyo color de piel le confiere una belleza fuera de normas. Por ser negra azulada, Bride, hija de una mulata de pelo claro casi rubio, es rechazada y maltratada. Su padre negro abandona el hogar, convencido que su esposa lo engañó, y su madre la maltrata con rudeza y crueldad pretextando que así su hija podrá enfrentar la vida. En ambas, la mentira y la simulación son el nutriente relacional en una atmósfera de venganza y miedo. Sin embargo, cuando Bride construye un escenario en el que acusa a su maestra de escuela de pedofilia y calumnias, encenderá el interés de su madre por ella, ya que esta se siente orgullosa de una hija capaz de acusar y de chantajear a una maestra de escuela blanca.

Es ahí donde Toni Morrison muestra su arte y su destreza para manejar las tragedias humanas y las complejidades de las responsabilidades compartidas. La escritura se desenvuelve en una comunión total entre lengua y lenguaje, sirviéndose de un modo exquisito de los códigos afroamericanos que le dan al inglés de Estados Unidos una resonancia específica tanto en el ritmo como en la contracción silábica, como en la utilización de palabras inventadas y creadas que llaman a una complicidad cultural y emocional entre los protagonistas, atrayendo a todo tipo de lectores.

Esta novela crea una conectividad con todos los planteamientos humanos individuales y colectivos de los que el psicoanalista francés Jacques Lacan llamaba l ácceptation de soi, es decir, la aceptación de uno mismo, sin que importe el color de la piel, la religión, el género o la estratificación social. En este aspecto, la obra narratológica de Toni Morrison toca lo humano en lo universal, pero además conecta al lector con lo más íntimo y secreto de cada uno de sus personajes, con una connotación de sabiduría, esperanza y advertencia que se resume en «Lo que les hacemos a los niños cuenta, y ellos nunca lo olvidarán».

Si con La noche de los niños tenemos la tragedia de cuatro personajes en su destino familiar, en la novela Jazz tocamos el fondo del éxodo de los negros descendientes de esclavos hacia el norte, huyendo de la hambruna, la segregación, el apartheid y la derrota del sur, una errancia hacia el norte, precisamente hacia Nueva York, Filadelfia, Baltimore, Washington.

Lo que se destaca es el nacimiento y la creación de Harlem. Estamos a principios del siglo XX, precisamente en 1920. La novelista arranca la historia con una intensidad increíble, entre muerte pasional y música de jazz. Es una novela difícil, dramática, realista y patética, escrita con la misma sangre de una cicatriz que nunca se cerrará. El personaje masculino Joe Trace asesina a su joven querida frente a su esposa, quien durante los funerales la matará por segunda vez y asumirá un acto de venganza y de horror convirtiendo su vida en un réquiem despiadado. Frente a este doble feminicidio, Joe y Violette entran en una psicosis de exploración de su pasado para entender la tragedia de su presente con un ritmo psicotrágico que se mueve con todas las melopeas del blues, un blues que sella el destino con un inesperado toque de queda.  Esta es una obra de un tremendismo extremo que invita al lector a entrar en ese mundo oculto del blues, es decir, del dolor.

Toni Morrison convierte la teoría del blés en una responsabilidad con la memoria colectiva, buscando siempre las causas y los efectos de las tragedias humanas. A ella le tocó pertenecer a la historia de la esclavitud, y por esa causa, nos llegan a través de su escritura púdica y realista todas las consecuencias a nivel individual y colectivo, dejando en los lectores una ambientación humana que te hace vivir y revivir los contextos situacionales de cada uno de sus personajes. Cada palabra es comedida, cada adjetivo contiene la prudencia de una escritora a quien le importa más provocar el sentimiento y la conciencia que los discursos referidos a las ideologías. Aquí lo que vale es lo interno de lo humano, destapado por una escritura de cirujana.

Toni Morrison ha sorprendido y asombrado a la crítica internacional por la crudeza emocional de la trama psicológica en cada una de sus novelas. Sin embargo, poca parte de la crítica ha tomado en cuenta que su propia vida ha sido una lucha constante e insistente para ser y existir. Madre de dos hijos y divorciada, durante muchos años trabajó para una casa editorial en Syracuse hasta lograr un puesto más importante en Nueva York que le permitió profundizar su labor editorial defendiendo la obra de Angela Davis y otras escritoras afroamericanas. A lo largo de más de cinco años dudó en torno a su primera novela, cuya escritura llevaba con celo crítico y discreto, como si se tratara de una relación íntima, hasta que surgió en 1970 Ojos azules, historia de una niña negra que se quiso parecer a Shirley Temple y tener los ojos claros. Esta se estremece en un sueño obsesivo pensando que de verdad tiene los ojos azules y que todos la envidian.

Con el pretexto de este motivo emocional que enfrenta el cuerpo y la belleza, la autora abarca el tema de la infancia truncada y del sueño perdido. La escritora tiene el arte  de destapar los procesos individuales para indagar en la aceptación del origen y de la identidad física. Toni Morrison pertenece a una tendencia de escritores que se implican en lo que quieren decir y cómo lo pueden decir, sin caer en el fanatismo de los momentos más radicales de los años 60-70, como en el caso del movimiento de los black panters.

Ella fue una convencida luchadora a favor de los derechos cívicos de «todos», sean blancos, negros, judíos, católicos, migrantes o nativos. Su posición partía de la idea ética de la convivencia en el marco del derecho y de la responsabilidad compartida. Era pragmática, veraz, con una prudencia frente a los eslóganes reductores de la complejidad. Demostró durante toda su vida un gran apego a la libertad y a la responsabilidad ciudadana. Escribió para revelar el alma y para decir en el conjunto de su obra que la explotación, el machismo, el crimen, la violación, el feminicidio y el incesto no tienen identidad de color, de raza, de etnia, pues son el monstruo que amenaza a todos los seres humanos cuando no se lucha para educar y posicionar el amor y la compasión como una terapia colectiva posible de las naciones.

Su novela Beloved, que adquiere un reconocimiento internacional, traducida a más de 30 idiomas, marca un ante y un después en la historia de la literatura afroamericana contemporánea. En este importante libro, la Historia es un elemento que funciona como la mitología en la tragedia griega; es una deux ex machina. Estamos en la década de 1850, la esclavitud se disuelve y es abolida en los estados del Sur, pero en otros estados, bajo la ley de los esclavos fugitivos, vuelve a imponerse. La esclava Sethe, cuando va pasando la frontera hacia Arkansas, se entera de que en este estado ha vuelto el sistema esclavista, entonces prefiere matar a su hija para salvarla… Es por esa ley que su amo, quien la embarazó de esa criatura de 2 años, ordena perseguirla de nuevo y someterla con su hija al sistema esclavista de su plantación, cínicamente llamada Sweet home.

Morrison tiene el talento de mantener una fuerza con el espacio y el tiempo, provocando en el lector una tensión permanente entre el pasado y el presente, con una opacidad pesante frente al futuro. Sus obras, más allá del potencial literario que las caracteriza, cuentan con la belleza de las descripciones de los ambientes sociológicos y culturales, de los espacios por donde se mueven los protagonistas y donde se desatan las tramas tremendistas del destino de los descendientes directos de esclavos, e invitan a repensar la Historia desde la perspectiva crítica de las huellas emocionales que arrastran los hombres y las mujeres frente a su vida. «Las preguntas son ¿cómo renacer? ¿cómo curar la herida? ¿cómo seguir viviendo?».

Beloved recibió en 1987 el Premio Pulitzer y en el 2003 la Academia suecagalardonó a su autora con el Premio Nobel de Literatura, altamente merecido porque esta distinción reconoció el valor literario de la primera escritora afroamericana en recibirlo. También se distinguió la complejidad del conjunto de una obra necesaria y urgente para evidenciar con dignidad las huellas del pasado, los efectos del dolor y las verdades del alma, no solamente para la comunidad afroamericana de Estados Unidos, sino para todos los seres humanos que parten de una historia colectiva de deportación y explotación.

Recordaremos unas declaraciones de la escritora en un encuentro con estudiantes de África del Sur: «Escribir mis historias es dar la palabra a las mayorías, mujeres y niños que han tenido que vencer en su vida las huellas más horrorosas de la esclavitud, las heridas, las cicatrices que vamos sanando y curando con nuestras vidas».

Después de su partida definitiva, su obra retoma toda su fuerza, sobre todo porque los acontecimientos sociopolíticos del mundo y de Estados Unidos van demostrando que todavía hoy sigue la amenaza de los desplazamientos humanos, de las deportaciones, de las violaciones, del racismo y de la segregación.

La obra de Toni Morrison no es más tremendista ni más horrorosa que la misma realidad. Esta escritora asume y denuncia la pulsión del poder y de la explotación con una pluma que evoca la condición humana sin temer las palabras para escribirlo, sin temer la fuerza de la verdad con una escritura transparente y un verbo que suple con belleza la tragedia y el dolor, como el sonido de la voz de un cantante de blues errante por las calles de Harlem.

Delia Blanco es doctora en Letras y Antropología de la Universidad París IV, La Sorbona. Especialista en literatura y artes plásticas y visuales del Caribe. Embajadora de la Francofonía y por la Integración Regional del Caribe, adscrita al Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex).


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