Artículo de Revista Global 30

Turismo sostenible: sobrepesca y arena blanca

El artículo habla sobre el turismo sostenible, sus definiciones, sus objetivos y algunas soluciones específicas para el futuro. El autor escribe específicamente sobre la pesca sostenible, directamente relacionada con el turismo de playa.

Turismo sostenible: sobrepesca y arena blanca

¿Qué es el turismo sostenible? Es el turismo que trata de no afectar al medio ambiente y la cultura mientras ayuda a generar empleo y promover de manera positiva el entorno endémico del destino. Es un turismo cultural y ecológicamente consciente.

Según la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas (UNWTO), turismo sostenible es el turismo que maneja todos los recursos naturales de modo tal que las necesidades económicas y sociales son cubiertas, mientras la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los ecosistemas son respetados. Otra definición conocida de turismo sostenible es aquella que dice que es un proceso que logra llenar las necesidades del turista y las comunidades mientras protege las necesidades del futuro.

El tema de turismo sostenible es particularmente importante en la República Dominicana. ¿Qué atrae a los turistas hacia nuestro país? ¿Nuestro legado cultural como cuna del Nuevo Mundo? ¿Nuestra identidad gastronómica? ¿Nuestras montañas? Aparentemente no. Según algunas encuestas, la mayoría de los turistas que nos visitan vienen atraídos por la estampa de sol y las paradisíacas playas. Sin embargo, las playas no son inmutables, siempre están cambiando. De hecho, las playas son afectadas incluso por el constante movimiento de las olas y por el estado de los arrecifes que las protegen del mismo oleaje. En concreto, los arrecifes juegan un rol especialmente importante en la producción de arena blanca y en el mantenimiento de poblaciones de organismos marinos que ayuda producir esa arena blanca. ¿Qué tiene todo esto que ver con sostenibilidad? El turismo, en muchos lugares, no es sostenible. El entorno -que en principio atrae a muchos turistas-, en lugares donde no se practica turismo sostenible, no va a desaparecer de un día para otro, pero se irá degradando gradualmente hasta convertirse en un destino no deseado.

La naturaleza tiene un balance delicado. Todos los elementos de un ecosistema están conectados. Al maltratar un elemento se puede afectar otra parte del mismo ecosistema. Usemos un ecosistema acuático como ejemplo: en nuestro país, y en muchos otros, la sobrepesca –la cantidad de peces cosechados sobrepasa la cantidad que puede ser reemplazada naturalmente por reproducción y crecimiento– es un gran problema. Entre un 69 y un 74 por ciento de las reservas de peces en el mundo son sobrepescadas o explotadas totalmente (FAO, 1998). La mayoría de los peces viven en arrecifes de corales. Estos peces mantienen el arrecife en buen estado. Algunos, como por ejemplo el pez loro, se alimentan de las algas que crecen de manera natural en los arrecifes o en las piedras. Si esos peces desaparecen, a consecuencia de la sobrepesca, las algas crecen sin control, cubren los corales y no les permiten alimentarse, así que los corales se mueren. A su vez, si mueren los corales, otras especies no tienen dónde refugiarse ni de dónde alimentarse. Entre estas especies están las langostas, cuyos principales alimentos son los gusanos de fuego y caracoles del mar. Estos caracoles y gusanos, a su vez, se sustentan de corales. Por tanto, si no hay langostas, que es el caso en muchos sitios de nuestro país, debido a la sobrepesca y la pesca indiscriminada, los depredadores de corales prosperan y, en poco tiempo, la población de corales del área muere. Y volviendo al ciclo, si no hay corales, los peces no tienen donde vivir y migran. Como hemos visto, los peces son muy importantes por muchas razones.

El pez loro

En nuestro país, uno de los sectores que más aporta al crecimiento del producto interno bruto (PIB) es el turismo. Los turistas vienen con la expectativa del clima tropical y los litorales de playas de arenas blancas y son los peces los que producen, directa o indirectamente, una gran proporción de esa fina arena. Específicamente, el pez loro produce más arena que cualquier otra especie en los océanos tropicales como el nuestro. ¿Cómo sucede esto? Al comer las algas pegadas al arrecife y las piedras, procesan cantidades pequeñas del esqueleto del arrecife y de las piedras y cuando esa “comida” pasa por el sistema digestivo del pez, es expulsada como arena blanca. Un pez loro puede producir hasta una tonelada de arena anual. Sin embargo y lamentablemente, el pez loro está sumamente sobrepescado en las costas de la República Dominicana. Así, hemos visto disminuir fuertemente el tamaño promedio (aunque siempre pescan los más grande primero) y las cantidades pescadas de pez loro en los últimos años. Esta es solo una parte de la historia.

Más de tres cuartas partes de nuestro planeta están cubiertas por los océanos, con una gran biodiversidad y más del 80 por ciento de la vida de la Tierra, mayormente sin explorar. Millones de personas en el mundo dependen de los océanos para su supervivencia. No obstante, cada vez más y más especies de nuestros mares están en peligro por una falta de educación y falta de manejo correcto. Nuestros bancos de pesca son recursos naturales renovables, pero no infinitos. Por eso tenemos que actuar ahora, antes de que sea demasiado tarde.

A pesar de la gravedad, hay esperanza para los peces y playas del país. En algunos lugares ya hay proyectos pilotos de pesca sostenible. ¿Qué es la pesca sostenible? La pesca sostenible es la pesca que deja suficientes peces para conservar las poblaciones de peces presentes y para aumentarlas en el futuro, de modo que el nivel de pesca puede mantenerse indefinidamente. Hace cuatro años, la famosa revista Science publicó los resultados de un estudio que pronostica que, de no cambiar los patrones actuales de explotación pesquera, no tendremos comida marina silvestre, esto es, pescados y mariscos silvestres, para el año 2048. Estudios como este han motivado a muchos científicos a salir y buscar soluciones para estos problemas.

Una de estas soluciones son las “casitas de langostas”, proyectos implementados actualmente en Montecristi, Punta Cana y el Parque Submarino Nacional de La Caleta.

Las “casitas de langostas” son sombras artificiales fabricadas por humanos que se colocan en el mar. Estas casitas sirven como albergue para las langostas que de noche buscan donde esconderse, normalmente en cuevas subacuáticas o arrecifes. Luego un pescador puede ir a su casita de langosta y atrapar hasta 15 langostas en una casita. De hecho, un pescador puede tener varias casitas donde “cosechar” sus langostas. Esta práctica es sustancialmente distinta a la actual en muchas áreas, donde todavía los pescadores continúan montándose en sus botes y van al arrecife a pescar langostas. Tradicionalmente, los pescadores tiran sus anclas en el arrecife, causándole daño con su ancla, y bucean a pulmón en búsqueda de la langosta. Cuando consiguen la langosta, el costo por unidad pescada es alto, considerando el uso de gasolina para llegar y la búsqueda en varias cuevas. Cuando el pescador encuentra una langosta por debajo del tamaño mínimo permitido para captura por ley o si tiene huevos, muchas veces es difícil que la deje ir pues pesa mucho y, para estos pequeños pescadores, la gasolina gastada y el esfuerzo de bucear varias veces son grandes.

Con las casitas de langostas no hay que salir a buscar a estos crustáceos. Los pescadores saben dónde están sus casitas, no hay que llegar al arrecife. Como el costo por unidad pescada es mucho menor, el pescador puede descartar las langostas pequeñas y las que tienen huevos y dejarlas de nuevo en el mar, sabiendo que llegarán al tamaño suficiente un día y que soltarán muchos huevos para producir más langostas en el futuro.

Otra de las soluciones planteadas para garantizar la sostenibilidad de la pesca es la creación de áreas marinas protegidas (AMP). En ellas podemos conservar hábitats claves, apoyar la biodiversidad y permitir que las poblaciones de especies marinas aumenten. Por mucho tiempo, se ha intentado proteger una especie, un río o un bosque. Ahora, los científicos reconocen que hay que tener una visión más holística, más completa, pues en la naturaleza todo está conectado. Como ya sabemos, si causamos daño a una especie podemos causar daño a otra sin darnos cuenta.

Por tanto, la creación de AMP es una solución muy relevante y valerosa, pues en ella la pesca no está permitida o está controlada. Puntualmente, actividades que típicamente están permitidas en el mar, como exploración de petróleo, el uso de dragas, tránsito de buques y pesca, no están permitidas o son estrictamente controladas dentro de las áreas marinas protegidas. El manejo efectivo de áreas marinas protegidas ayuda a conservar varios componentes del ambiente marino, incluyendo ecosistemas naturales, biodiversidad, hábitat y especies que están en peligro de extinción o amenazadas. Generalmente, el manejo de uno de esos aspectos suele repercutir en la protección de otros, por ejemplo, para conservar una especie en peligro de extinción o amenazada, su hábitat tiene que ser conservado también. Pero el alcance de las AMP no se limita al aspecto ambiental, también pueden conservar y proteger recursos históricos y culturales de nuestro patrimonio marino. Por tanto, las aéreas marinas protegidas incluyen lugares de importancia arqueológica, como, por ejemplo, la que tenemos cerca de la isla catalina, donde se encuentra la nave de capitán Kidd en la República Dominicana.

Beneficios

Los beneficios de las áreas marinas protegidas son indiscutibles: si la pesca no está permitida o es controlada adecuadamente, las poblaciones de organismos marinos aumentan considerablemente. En 76 estudios distintos sobre aéreas marinas protegidas alrededor del mundo, las densidades poblacionales de los peces usualmente pescados aumentaron un 69%, mientras que el tamaño promedio de dichos peces se incrementó en un 88% y la biomasa en un 92% (Halpern, in press). En Looe Key (Florida), la población de colirrubias (Ocyurus chrysurus) casi se duplicó y la población de pargo blanco (Haemulon album) se multiplicó más de cuatro veces, tan solo dos años después de la veda (Clark et al. 1989).

Esta abundancia generada por la creación de aéreas marinas protegidas tiene un efecto multiplicador, aumentando la cantidad y el tamaño de los organismos marinos capturados en aguas colindantes con las fronteras de las aéreas marinas protegidas (Crowder et al. 2000). ¿Qué nos depara el futuro? Basados en las estimaciones de crecimiento de la población mundial, se espera que aumente también la cantidad de turistas internacionales. Más de 900 millones de turistas internacionales viajaron el año pasado y la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas (UNWTO) pronostica, para el año 2020, 1,600 millones de turistas internacionales. Tenemos que enfrentar estos números tomando en cuenta la sostenibilidad. Teniendo esto en cuenta, se creó la Alianza para los Criterios Mundiales de Turismo Sostenible, una coalición de 32 organizaciones, entre las que destacan Rainforest Alliance, el Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente y la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas. Estas organizaciones trabajan en conjunto a fin de definir un marco de referencia global para el turismo sostenible, un esfuerzo que además pretende educar acerca del turismo sostenible y aumentar su práctica. Los criterios definidos por la alianza están organizados según cuatros temas principales: planificación sostenible y eficaz, maximización de beneficios sociales y económicos para las comunidades locales, mejoramiento del patrimonio cultural y reducción de impactos negativos al medioambiente. Las directrices definidas por la alianza serán los requisitos mínimos que cualquier negocio de turismo deberá cumplir.

Aunque aún queda mucho por hacer, en nuestro país, la existencia de áreas marítimas protegidas aumenta las poblaciones marinas, que constituyen un patrimonio explotable con miras al turismo submarino y las “casitas de langostas” garantizan la oferta constante de este preciado producto marino, constituyéndose en una fuente de trabajo para nuestros pescadores y garantizando un manjar gastronómico para nuestros turistas; dos iniciativas que siguen lineamientos dictados por la alianza. Implementando proyectos como estos, la República Dominicana podrá minimizar los daños a nuestros numerosos, bellos y únicos tesoros nacionales y aprovechar los mismos para el beneficio económico de nuestro país.

Joseph Power es licenciado en Ciencia Ambiental, especialista certificado en Ciencias Acuáticas y coordinador de Proyectos Marinos de la Fundación Ecológica Punta Cana.