Artículo de Revista Global 61

Un nuevo paisaje político a raíz de las elecciones europeas

Después de las elecciones europeas celebradas en mayo pasado se analizan las competencias ampliadas con el Tratado de Lisboa, se definen cuáles son las tres grandes tendencias y se debate tanto la búsqueda de la alianza entre el PPE y el PSE como los retos que presenta la izquierda radical. A partir de los resultados y las coyunturas se presenta un pronóstico y se colorea el nuevo paisaje de Europa ante el futuro.

Un nuevo paisaje político a raíz de las elecciones europeas

Entre el 22 y el 25 de mayo del 2014, los 28 países de la Unión Europea (ue) fueron llamados a elegir a los 751 diputados que conforman el Parlamento Europeo (pe). En el «triángulo institucional» europeo (Comisión Europea, Consejo Europeo, Parlamento), el pe es la única instancia elegida por sufragio universal directo.

Competencias ampliadas por el Tratado de Lisboa

Desde la adopción del último tratado europeo, el Tratado de Lisboa, que entró en vigor en el 2009, las funciones del Parlamento han aumentado de manera significativa. El pe es colegislador junto al Consejo (que reúne a los Estados) en el marco de lo que desde entonces se denomina «procedimiento legislativo ordinario». Tiene poder de decisión conjunta sobre varios aspectos como la realización del mercado interno, la política del empleo, la protección de datos, la cooperación aduanera, la salud, la política social, el transporte, la inmigración, la agricultura, la seguridad energética, etc.  Los roles del pe son los siguientes: reforzar el presupuesto de la ue (adopción conjunta con el Consejo); dar su visto bueno a los acuerdos internacionales negociados por la ue y en particular al proyecto de Asociación Trasatlántica para el Comercio y la Inversión (Transatlantic Trade and Investment Partnership [ttip]) que actualmente se negocia con los Estados Unidos; proponer modificaciones a los tratados europeos existentes; elegir al presidente de la Comisión Europea; y ratificar la composición de la Comisión.

En cuanto a los eurodiputados, estos se reúnen en el seno de grupos políticos afines (son necesarios, al menos, 19 diputados electos en un quinto de los Estados miembros –siete países actualmente– para poder constituir uno). Dichos grupos permiten a los electores y a los partidos miembros acceder a la presidencia de las veinte comisiones y dos subcomisiones que organizan la agenda del Parlamento Europeo en sesión plenaria, según su dominio de competencia: asuntos exteriores, comercio internacional, transporte, mercado interior y protección de consumidores, asuntos económicos y monetarios, etcétera.

Existen siete grupos parlamentarios:

– Grupo Europa de la Libertad y de la Democracia Directa (eld).

– Grupo del Partido Popular Europeo (ppe), de tendencia derechista.

– Grupo de la Alianza Progresista de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo (S&D) y partidos socialistas y socialdemócratas miembros del Partido de Socialistas Europeos (pse)

– Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (alde), de tendencia liberal y centroderecha.

– Grupo de los Verdes y Alianza Libre Europea (ale), de tendencia ecologista y pro ue.

– Conservadores y Reformistas Europeos (ecr), de tendencia derechista antifederalista.

– Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea e Izquierda Verde Nórdica (gue-ngl), que incluye los partidos comunistas, los verdes antiliberales de los países nórdicos, el Partido de Izquierda Francés y el Die Linke alemán.

– Los diputados no inscritos: Frente Nacional (Francia), Partido de la Libertad Austríaco-fpö (Austria), Partido por la Libertad-pvv (Países-Bajos), Liga del Norte (Italia) y el flamenco Vlaams Belang (Bélgica).

Al día siguiente de las elecciones, el pacto tradicional entre el ppe y el pse –apoyado por los liberales-demócratas del grupo alde– permitió la reposición, el primero de julio, de Martin Schulz (pse) a la presidencia del Parlamento por una duración de dos años y medio. De igual forma, el 15 de julio fue elegido a la cabeza de la Unión Europea el demócrata-cristiano Jean-Claude Juncker (Luxemburgo, candidato del ppe), por 422 votos sobre 751. Los parlamentarios socialistas franceses, así como la derecha polaca, se abstuvieron sin embargo en esa votación. Los socialistas españoles del psoe votaron en contra.

Las cifras de partidos electos por país son las siguientes: Alemania dispone del primer contingente (96), seguida de Francia (74), Italia (73), el Reino Unido (73), España (54), Polonia (51), Rumania (32), los Países Bajos (26), Bélgica (21), Grecia (21), Hungría (21), Portugal (21), la República Checa (21), Suecia (20), Austria (18), Bulgaria (17), Dinamarca (13), Finlandia (13), Eslovaquia (13), Croacia (11), Irlanda (11), Lituania (11), Letonia (8), Eslovenia (8), Chipre (6), Estonia (6), Luxemburgo (6) y Malta (6).

Tres grandes tendencias

Más allá de los particularismos nacionales, tres grandes tendencias se desprenden de los resultados de las elecciones a la escala europea:

1- El mantenimiento de una fuerte abstención que se traduce en un rechazo a la ue o una indiferencia con respecto a ella, sobre todo en los sectores populares (obreros, empleados, desempleados, precarios): 57.46% a nivel europeo, 56.5% en Francia, 63% en los Países Bajos, 65.5% en Portugal, 64% en el Reino Unido, 55% en España, 53% en Alemania, 42.6% en Grecia, 49% en Suecia, 40% en Italia, 87% en Eslovaquia, 80.5% en la República Checa, 77.3% en Polonia, 75.7% en Croacia, 70.8% en Hungría y 65.3% en Rumania.

2-  Un fuerte avance de las fuerzas que se oponen a la manera en que se ha construido Europa. Pueden pertenecer a la derecha conservadora y nacionalista (Reino Unido, Alemania, Dinamarca, Finlandia, Hungría), a la extrema derecha (Austria, Francia, Grecia), pero también a la izquierda radical. En registros distintos y con orientaciones políticas y económicas divergentes, estas corrientes expresan una fuerte voluntad popular de recuperación de la soberanía nacional frente a las instituciones de Bruselas.

3- El éxito de la izquierda radical en ciertos países del sur, especialmente en Grecia y en España; aunque esta se mantiene, pero estancada, en Francia y Alemania.

La búsqueda de la alianza ppe-pse

Pese a la importancia de la abstención y del crecimiento de las fuerzas llamadas «euroescépticas», el funcionamiento del Parlamento Europeo se va a caracterizar por la continuidad, a saber, la alianza funcional entre el ppe y el pse reunidos en un consenso sobre las políticas liberales europeas. No obstante su desmoronamiento, este bloque continuará representando una mayoría sólida. Esta mayoría es aún más neta si se le agrega los Liberales (alde) y los Verdes, fervientes federalistas.

En números, el ppe está a la cabeza con 221 asientos de 751, frente a 191 de los socialistas del grupo S&D. Los Liberales obtienen 67 eurodiputados, seguidos por los Verdes que se quedan con 50. Los cuatro partidos tradicionalmente proeuropeos pasan así de 612 asientos en el 2009 a 529 asientos en el 2014. En cuanto a los partidos euroescépticos de derecha y de izquierda, que constituyen un conjunto heterogéneo, obtienen en total 170 diputados: 52 para el grupo gue/ngl, 70 para el grupo ecr y 48 para el grupo eld.

Un resultado mixto para la socialdemocracia

Los partidos socialistas o socialdemócratas han sufrido fuertes reveses: es sobre todo el caso de Grecia, donde el Pasok, que obtuvo el 36.65% de los sufragios en el 2009, no recibe más del 8.1 % bajo los colores de El Olivo (Elia); es también el caso de Francia, aun cuando la puntuación obtenida en el 2009 era ya muy baja (pasa de más del 16% al 14%), pero también de los Países Bajos, Irlanda… En otros países, sus resultados decepcionan con respecto a los sondeos preelectorales, como en Eslovaquia.

Por lo contrario, el spd remonta netamente en Alemania, con una puntuación de un 27.40%, y la corriente socialdemócrata logra puntuaciones altas, más esperadas en ciertos países, como Portugal y Rumanía. Los laboristas ingleses y los socialistas españoles se benefician del rechazo de las políticas de austeridad conducidas por los gobiernos de derecha de sus países.

La centroizquierda italiana logra muy buena puntuación (más del 41%), que confirma la popularidad del gobierno de Matteo Renzi, sin duda el más crítico hacia las políticas de austeridad presupuestaria de la ue. Con Renzi, se asiste ciertamente a la vanguardia de un movimiento por llegar a otros países: su partido se vuelve el espacio de recomposición política entre la centroizquierda liberal y la centroderecha liberal, es decir, el modelo de la «gran coalición» en el poder en Alemania.

Múltiples retos para la izquierda radical

La izquierda radical está en clara ascensión, pero sigue siendo un espacio minoritario. En ciertos países, rebasa a la socialdemocracia: es el caso del Sinn Fein en Irlanda (17%, progresa 6 puntos) o del Partido Socialista (marxista) en los Países Bajos (10%, progresa 3 puntos). La progresión más espectacular es la de Syriza, que llega a la cabeza en Grecia, con una puntuación de más del 26%. En ese país devastado por las medidas de austeridad, la izquierda representa alrededor de un tercio del electorado activo nacional si se agrega el comunista kke –fuertemente hostil a Syrisa–, que obtuvo el 6% de los votos.

Por otro lado, los resultados son estables, y por ende más bien decepcionantes, en países grandes, como Alemania y Francia: alrededor del 7% en el primer caso y el 6.33% en el segundo. En Portugal, el Partido Comunista (pcp) y el Bloque de Izquierda –divididos y adversarios– obtuvieron cerca del 11% de los votos cada uno en el 2009. Esta vez, el pcp roza los 13%, pero el Bloque retrocede a menos del 5%.

La izquierda radical tan solo estuvo presente en 18 países de 28, y fue elegida en un número limitado de estos, tales como Alemania, Chipre, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Letonia, Países Bajos, Portugal, República Checa, Eslovenia y Suecia.

España presenta una situación original. Después de Grecia, es el país donde el crecimiento de la izquierda radical es más fuerte. Izquierda Unida (con el pc) triplica su puntuación obtenida en el 2009 y se convierte en la tercera fuerza del país con cerca del 10% de los votos. Además, la irrupción del partido surgido del movimiento de los indignados, Podemos, es inesperada. Reúne más de un millón de votos (cerca del 8% de los sufragios) y 5 asientos en el pe. Sus diputados son miembros del grupo gue/ngl.

El espacio de la izquierda antiliberal progresa, pero sigue siendo minoritario. Como hemos visto, no tiene presencia en todos los países de la ue, y en muchos de ellos es débil. En los «grandes» países europeos, se estanca o baja y está, además, dividida a menudo. Pese a ciertos avances, no está preparada para jugar un papel dinámico en el próximo período. Además, adolece de la debilidad de los movimientos sociales, -incluso de su ausencia-, principalmente en los países del centro de poder europeo [Alemania, Francia] en donde los sindicatos están divididos y a veces apoyan las políticas de austeridad en los gobiernos a cambio de acuerdos en ciertas categorías salariales.

La izquierda radical enfrenta múltiples retos. Primero, debe reinventar su discurso social para movilizar las fuerzas sociales –fragmentadas por las mutaciones del sistema económico mundial– y reivindicarlas. Segundo, debe aclarar su visión de Europa y del papel de los Estados nación en la mundialización (el tema de la soberanía nacional es enarbolado por la derecha contestataria). También necesita reconstruir un vínculo orgánico con los sectores populares, ya que está movilizando exclusivamente a una parte de las clases medias urbanas, especialmente a una juventud desempleada o con un trabajo precario, al asalariado estable y a una burguesía intelectual progresista. En fin, debe unir sus fuerzas a nivel nacional y continental.

Christopher Ventura es catedrático del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de París VIII e investigador asociado al Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (iris), en París.