Artículo de Revista Global 38

Un testimonio de gratitud

Mario Vargas Llosa marcó a toda una generación a través de las novelas que comenzaron a llegar a la República Dominicana justo al final de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. La admiración por el escritor trasciende la literatura y se vincula con su renovado pensamiento político.

Un testimonio de gratitud

Es de profundo orgullo que Mario Vargas Llosa haya sido reconocido como Premio Nobel de Literatura y que nosotros, en la República Dominicana, lo hayamos sentido como un premio nuestro, porque es el premio de toda América Latina y el premio de todos los que en el mundo hablan la lengua española.

Por su supuesto, es un galardón que, interpretando el sentir de los intelectuales dominicanos, se esperaba desde hace dos décadas. Cada año, a la hora de reconocerse a los premios Nobel, estábamos atentos en el país a si salía el nombre de Mario Vargas Llosa. De manera que ha llegado con retraso, pero ha sido un acto de reparación y de justicia.

El nivel de influencia intelectual que Vargas Llosa ha tenido en la República Dominicana tiene génesis en que hace 37 años empezaron a circular sus libros. Entonces yo vivía en mi barrio de Villa Juana, un sector de clase media baja. Allí circulaba un folleto de un diálogo del Premio Nobel con Gabriel García Márquez en la Universidad de San Marcos, Lima, sobre la nueva narrativa en América Latina.

Ese texto fue sumamente revelador para los jóvenes de la época, porque fue como descifrar cómo se construye una novela, fue como penetrar en donde está la capacidad para crear la estructura de las cosas. Ahí descubrimos cosas fabulosas: cómo se elaboran las ficciones, cómo se construyen las novelas y cómo evolucionaba la novela latinoamericana de la época, la novela del boom latinoamericano.

Fue a partir de entonces cuando comenzamos a leer Los jefes, los cachorros y La ciudad y los perros, que, debo confesar, a los 18 años resultaban difíciles de entender… Una novela compleja como lo fue La casa verde, porque hasta entonces teníamos una experiencia de lectura lineal. Leíamos más bien los autores del Siglo XIX, a los clásicos de la literatura, a León Tolstoi, a Fiódor Dostoievski. Leíamos a Víctor Hugo.

Por tanto, al encontrarnos con La casa verde fue la primera vez que entendimos los planos temporales y espaciales, la complejidad de una novela moderna.

Y seguíamos con Conversación en la Catedral. Aquello que le pasó a Perú, aquello de Zavalita… Voy a obviar los detalles de la palabra exacta y en fin llegamos a la novela La fiesta del Chivo, de República Dominicana, que sin duda alguna se presentó como un acontecimiento. Mucha gente en buena parte del mundo me confundió creyendo que yo era el autor, porque preguntaban tan continuamente acerca de La fiesta del Chivo, ¿qué hay de verdad en esto?, ¿qué hay de mentira?, ¿qué le pareció? Pienso que contribuyó a darle visibilidad y notoriedad a la República Dominicana a nivel mundial.

Es un testimonio de gratitud que tenemos para el escritor Mario Vargas Llosa, porque escogió un tema dominicano para universalizarlo y darle presencia a la República Dominicana, no solo en el mundo de las letras, sino en el mundo de la curiosidad universal.

Mi novela preferida del autor es una de las menos mencionadas, de las menos referidas. Es La historia de Mayta. Se trata del caso de un líder trotskista peruano llamado Alejandro Mayta, que estaba participando en las luchas de las izquierdas peruanas de América Latina de aquella época y fue quedándose en soledad, fue quedándose solitario y al final se descubre una vida personal un tanto nebulosa. Y de verdad que (la novela) retrataba de alguna forma a muchos personajes de la izquierda de los años sesenta y de los años setenta.

Entre la literatura y el arte

Pero, si bien sentimos una profunda admiración, un amplio reconocimiento a la labor de ficción de Vargas Llosa, hay otras facetas suyas que nos han permitido ver en su persona lo que es la configuración del intelectual por antonomasia. Porque no es solamente es el escritor capaz de producir obras de arte, sino que es un teórico y un estudioso de la literatura y del arte.

Por consiguiente, ya no solamente era leer La casa verde, sino La historia secreta de una novela para entender cómo se construyó La casa verde. Y naturalmente también era ver a través de La historia de un deicidio cuáles son las influencias personales y las influencias intelectuales que un aspirante a escritor recibe y puede utilizar en la creación de su obra.

Me pareció que la idea central, el argumento central que elabora en La historia de un deicidio es que el artista, por encima de todo, siempre es un rebelde y que tiene que matar a Dios porque no acepta la realidad tal cual. Es la rebeldía contra la realidad para construir su propio mundo. Por tanto, el artista siempre como un rebelde, el artista siempre como un disidente, el artista siempre como un inconforme, como alguien insatisfecho con su mundo real que necesita construir la realidad ficticia. Pero no lo puede hacer solo por sí mismo, sino que es el fruto de muchas influencias.

Recibiendo todas estas influencias personales, de la vida cotidiana, de la familia, del entorno, de la historia y las lecturas que el escritor va teniendo para crear su propia realidad ficticia con relación a la realidad real.

Por supuesto, una vez pregunté a Vargas Llosa, cuándo sintió que iba a ser escritor, y me contestó que fue al aprender a leer, que el hecho de haber aprendido a leer fue como una magia, fue como un despertar porque a partir de ahí se sumergió en un mundo de fantasía y de cuentos. Me sorprendió que, justamente empezando su discurso de aceptación del Premio Nobel, en Suecia, empezó por recordar que el descubrimiento de la lectura fue el acontecimiento más fascinante, impresionante y de mayor importancia en su vida.

En ese discurso de la Academia Sueca está contada La historia de un deicidio pero en su caso; en el Ensayo de un deicida está (la historia) de Gabriel García Márquez, que nos va contando entonces sus influencias intelectuales, que empieza con Julio Verne, con Alejandro Dumas, y sigue con Víctor Hugo, los autores del siglo XIX, pero ya de manera más moderna (está) el descubrimiento de William Faulkner; el encuentro con los autores franceses: Eugène Ionesco, Samuel Beckett, Jean-Paul Sartre, Albert Camus, André Malraux,  y cómo influyen hasta el punto de que Vargas Llosa va a vivir a Francia durante un tiempo para ser parte de esa cultura francesa que se va creando.

Es por consiguiente esa mezcla de lo clásico, de lo moderno, de las propias experiencias personales que fueron creando a este gran escritor y gran teórico de la literatura y el arte que es Vargas Llosa. No solamente hemos disfrutado de esa obra de ficción que ha creado, de ese universo que ha creado, sino que hemos aprendido mucho de sus reflexiones teóricas acerca de la literatura.

De la izquierda al liberalismo

También he prestado mucha atención a la evolución de su pensamiento filosófico, político e ideológico, porque sabemos que venía de una tradición de izquierda de la que fueron parte todos los jóvenes de este país y de América Latina en algún momento, porque todos hicimos de la lucha contra la dictadura, contra la opresión, contra la arbitrariedad y contra la humillación y el atropello, la causa fundamental de nuestras vidas.

Entendíamos que la lucha contra la dictadura nos llevaba a la revolución y la revolución fue la gran utopía, el gran sueño que toda una generación estuvo buscando en América Latina y en todas partes del mundo. El Premio Nobel lo asumió en esos términos, pero por circunstancias del desarrollo de los acontecimientos históricos hizo una transición hacia una concepción más liberal y occidental, y en su discurso de Suecia donde están sus influencias intelectuales en ese terreno, en Jean-François Revel, que ya venía usted citando en múltiples ocasiones en Contra viento y marea, en los artículos de El País y en muchas publicaciones.

De manera que nos ha abierto horizontes en diversos campos, de diversas maneras y nos hace entender exactamente el trabajo riguroso, la disciplina intelectual que se requiere para cristalizar el sueño, la aspiración de ser un intelectual influyente en su época, en su tiempo.

Leyéndole se percata que el autor tenía profunda admiración por Sartre y por Camus y quizás quería ser como ellos. Hoy los jóvenes latinoamericanos quieren ser como Mario Vargas Llosa.

Nos sentimos profundamente enaltecidos, honrados, de que el escritor adoptara a la República Dominicana como su tercera patria. Leyendo ese discurso de Suecia, veíamos que eran tres las menciones a nuestro país. Al tener una vivienda en Juan Dolio sabemos que ha fijado domicilio en el país. Para tener la garantía de que habrá una sucesión en el tiempo también nos ha honrado con la presencia de sus hijos y de sus nietos. Entonces reciben la antorcha de la dominicanidad de parte de Mario Vargas Llosa.

Los dominicanos no podíamos esperar tantos regalos. Lo más que podemos decirle es que nos sentimos profundamente orgullosos de usted, profundamente honrados de que el escritor pueda compartir con nosotros la nacionalidad de la patria grande de América Latina.

Leonel Fernández es presidente de la República Dominicana.

Nota

Este texto fue tomado de las palabras del presidente Leonel Fernández durante el acto de condecoración con la Orden Heráldica de Cristóbal Colón en el Grado Gran Cruz Placa de Plata a Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010.


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