Artículo de Revista Global 7

Una carta personal y confidencial de Juan Bosch a Lyndon Johnson

Global publica una carta inédita, personal y confidencial de Juan Bosch a Lyndon Jonson, fechado en Puerto Rico en mayo de 1965, donde el primero, ante el anuncio de que el presidente americano había ordenado el cese de las negociaciones para llevar a cabo la " formula Guzmán"- un gobierno provincial encabezado por el perredeísta y amigo de Bosch, Antonio Guzmán, que sustituiría a los gobiernos de Caamaño e Imbert- trataba de que Johnson cambiase de parecer. La apelación de Bosch cayó en oídos sordos.

Una carta personal y confidencial de Juan Bosch a Lyndon Johnson

A las dos semanas de iniciada la Guerra Civil de Abril de 1965, existían dos gobiernos en el país: el que en la parte antigua de la ciudad de Santo Domingo encabezaba el coronel Francisco Caamaño y el Gobierno de Reconstrucción Nacional que presidía en el resto del país el general Antonio Imbert Barreras.

El presidente norteamericano, Lyndon Jonson, había ordenado el desembarco de tropas norteamericanas en la República Dominicana a partir del 28 de abril. Asesorado por su amigo íntimo, el liberal Abe Fortas entonces sin cargo alguno en el Gobierno pero que pronto sería juez de la Suprema Corte, Johnson envió a muy importantes funcionarios, entre ellos a su asesor de Seguridad, MacGeorge Bundy, y al propio Fortas para negociar con Juan Bosch en Puerto Rico y con Caamaño y Antonio Imbert en Santo Domingo. Esto sería conocido como la “fórmula Guzmán”, un gobierno provisional encabezado por el perredeísta y amigo de Bosch, Antonio Guzmán, que sustituiría a los gobiernos de Caamaño e Imbert.

Esas negociaciones se iniciaron el 15 de mayo y finalizaron el 26 de ese mismo mes. Uno de los asesores de Bosch era su amigo Jaime Benítez, rector de la Universidad de Puerto Rico. Johnson decidió dar por finalizadas las negociaciones antes de que se llegara a un acuerdo final y anunció que en lo adelante las mismas no las seguirían funcionarios de su Gobierno, sino la Organización de Estados Americanos.

Hemos localizado una carta inédita, personal y confidencial de Juan Bosch a Lyndon Johnson donde el primero, ante el anuncio de que el presidente americano había ordenado el cese de las negociaciones por parte de Bundy, Fortas y otros, trataba de que Johnson cambiase de parecer y volviera a utilizarlos, o por lo menos que se retomase lo que ya se había negociado en principio.

El 31 de mayo Bosch escribió una carta personal a MacGeorge Bundy anexando otra también en inglés dirigida al presidente. Ese mismo texto fue enviado por Bosch a Abe Fortas a través de Benítez. El 3 de junio Bundy se la entregó a Johnson con el comentario de que había sido preparada en forma de borrador por Benítez y comentada por éste con Bundy a través del teléfono. Bundy le había sugerido que en ella se eliminaran los textos más críticos con relación a la OEA y a su secretario general, José A. Mora. El asesor de seguridad le explicó a su jefe que podría haber sugerido otros cambios pero que no había presionado más, ya que en su último párrafo Bosch reconocía que su carta era personal y confidencial. Bundy le recomendó a Johnson que no la contestara sino que lo haría él mismo: prepararía un borrador para que fuera considerado a la luz de la misión de la OEA que encabezaría el embajador americano ante ese organismo, Ellsworth Bunker. La misiva de Bosch decía:

“Río Piedras, P. R. Mayo 31, 1965

Estimado Señor Presidente:

Esta es una carta personal escrita tanto con esperanza como en desesperación. Con esperanza porque lo considero a usted, señor Presidente, como un hombre que habla verdad y que es responsable, investido con los más grandes poderes y obligaciones en el mundo libre, que lucha desesperadamente con las contradicciones reales y aparentes de nuestra común, aunque muy diferente, lastimosa condición. Lo veo a usted buscando una solución constructiva a lo que a veces luce ser un desorden imposible.

Tengo que creer que tal solución es posible. Confío que usted piense igual. Sin tomar en cuenta las consideraciones que lo motivaron, la magnitud de su actual involucramiento en la República Dominicana es tal que no existe una salida honorable para nuestros dos países, como no sea a través de un programa común basado en una aceptación mutua de compromisos esenciales. Me siento animado por los objetivos y sentimientos planteados en su discurso en la Universidad de Baylor¹ con relación al futuro de la República Dominicana. Esos objetivos y sentimientos son compartidos por la inmensa mayoría del pueblo dominicano, yo incluido. Me refiero específicamente a sus declaraciones de que:

“Primero, está claro que el pueblo dominicano no quiere ser gobernado por extremistas ni de la izquierda ni de la derecha. No quiere ser gobernado ni por una vieja conspiración de reacción y tiranía ni por una nueva conspiración de violencia comunista.

Segundo, quiere, como queremos nosotros, un fin a la matanza en las calles y a la brutalidad en los barrios.”

“Tercero, quiere, como queremos nosotros, comida y trabajo y tranquilidad durante la noche.”

“Cuarto, quiere, como queremos nosotros, un gobierno constitucional que lo represente a todos y que trabaje a favor de todas sus esperanzas.

“Quinto, el pueblo dominicano sabe que necesita la ayuda de vecinos que simpaticen con él para el saneamiento de sus heridas y para negociar sus divisiones. Pero lo que quiere más que todo es la posibilidad de moldear su propio camino. Esas son las esperanzas del pueblo dominicano. Pero esas también son nuestras esperanzas, las cuales son compartidas por la gente responsable en cada nación del hemisferio.”

Estos objetivos, Señor Presidente, corresponden casi palabra por palabra con los acuerdos aceptados hace casi un mes por el Presidente Caamaño, por Antonio Guzmán y por mí mismo, durante extensas negociaciones e intercambios con sus más leales y devotos representantes personales. Sin embargo, por razones que yo no puedo entender, nuestros acuerdos e intercambios nunca han dado fruto. En la República Dominicana la gente continúa sufriendo persecución, muerte, odio y continúan prevaleciendo las condiciones típicas de una guerra. Dominan el miedo, la falta de confianza y las tensiones crecientes.

Más aún, usted ha pasado el manejo de este acuerdo tan importante a las manos temblorosas y reticentes de la Organización de Estados Americanos. Entiendo perfectamente bien, Señor Presidente, que podría lucir más pertinente a los intereses de los Estados Unidos transferir a la OEA la responsabilidad de la situación actual. Así, usted brega con el problema dominicano indirectamente, si es que lo hace. Pero nuestra preferencia y la preferencia de la gran mayoría de los países democráticos en el hemisferio, son exactamente opuestas. Preferimos negociar directamente con los Estados Unidos.

Aceptemos francamente que en los años futuros el honor, la buena fe y las acciones de los Estados Unidos estarán directa e indisolublemente comprometidas con lo que sea que pase en la República Dominicana. Nuestro propio futuro como nación está directamente involucrado. Si no partimos de estos hechos básicos estaremos huyendo de la realidad. Servimos a nuestros intereses comunes si hacemos todo lo que esté en nuestro poder para proteger y salvaguardar ese futuro incierto.

No estoy en una posición como para presionarlo en un asunto de delegación. Si la OEA es por necesidad su representante escogido, no tenemos otra alternativa que tratar con ella. Pero esperaríamos que el marco de referencia que gobierne nuestras deliberaciones fuese las directrices citadas más arriba, al igual que nuestros entendimientos durante las reuniones en Puerto Rico.

Aprecio su profunda preocupación por el asunto del comunismo y por los peligros de un control comunista de nuestra tierra y de otras tierras en este hemisferio. Les hemos dado a sus representantes seguridades sobre estos asuntos. Ahora se las reitero a usted. Esas seguridades son tan amplias y abarcadoras como permiten nuestras leyes, nuestra Constitución y nuestro honor nacional. Bajo las actuales realidades, ellas proveen las más amplias garantías contra un peligro que, por más horrendo que usted y yo podamos considerarlo, nunca tuvo y no tiene ahora una posibilidad real y efectiva de ocurrir.

Mi desesperación, Señor Presidente, surge precisamente de la profunda convicción de que a no ser que podamos confiar el uno en el otro y a no ser que trabajemos dentro del espíritu de mutua tolerancia requerido para la terminación exitosa del actual conflicto, derrotaremos nuestros propósitos y más bien facilitaremos el triunfo de los extremistas de derecha o de izquierda que ambos oponemos. El resultado inevitable de la falta de confianza mutua sería la negación de los objetivos que ambos anhelamos y que su reciente discurso trazó tan elocuentemente.

Conozco mi país. Su historia, la psicología de su gente, las motivaciones sociales, económicas, militares, culturales y políticas que actualmente están vigentes en nuestra isla, son asuntos sobre los cuales estoy versado. En base a ese conocimiento pude predecir, y lo hice, el levantamiento de abril. Porque conozco bien a mi gente y porque la quiero entrañablemente, me apresto a advertirle, Señor Presidente, sobre los graves peligros que veo ante nosotros. A no ser que se llegue pronto a una solución viable, democrática y constitucional, crecerá la intranquilidad. La revolución se extenderá a través de las provincias, la situación general se deteriorará aún más y tanto los Estados Unidos como la República Dominicana estarán peor debido a ésta. En consecuencia, y antes de que sea demasiado tarde, unamos nuestros esfuerzos para evitar dolores adicionales.

Tuve el privilegio de saludarlo como Vicepresidente de los Estados Unidos en 1963, cuando usted estuvo presente en mi toma de posesión como el primer presidente de la República Dominicana elegido constitucionalmente en más de treinta años. Entonces usted expresó sus esperanzas con relación a nuestro futuro democrático. Ahora apelo a usted, no por mí, sino por mi pueblo. Le pido que las aspiraciones para lograr un gobierno constitucional y democrático en la República Dominicana no se cierren para siempre y que la autoridad que no fue puesta en acción cuando fui derrocado, sea usada en esta oscura hora para apoyar y no para aplastar nuestro futuro democrático.

Apelo a usted personalmente. Usted puede o no puede, como lo desee, contestar o usar esta comunicación. En cuanto a mí respecta, a no ser que usted decida lo contrario, la consideraré como personal y confidencial. Quedo de usted, Señor, Respetuosamente suyo, Juan Bosch (firmado)”

Pero la apelación de Bosch cayó en oídos sordos. La decisión de negociar a través de una comisión de la OEA se mantendría y el resultado sería un gobierno provisional encabezado por Héctor García Godoy en el que altos ejecutivos del PRD no participarían y que redundaría en la salida del país de muchos militares constitucionalistas.

Bundy le contestó a Bosch su carta a Johnson diciéndole, entre otras cosas: “Comparto su lamento porque las discusiones que tuvieron lugar en mayo con usted y otros no lograron avanzar en proveer una fórmula efectiva para el gobierno civil de la República Dominicana. Sin embargo, debo decirle cándidamente que a mi honesto juicio las dificultades decisivas fueron encontradas del lado suyo, en tres puntos básicos”.

Esa carta no especifica cuáles eran esos tres puntos, pero éstos si aparecen en un borrador preliminar. El primero se refería a que “sus asociados no estuvieron ni convencidos sobre la necesidad de tomar acción efectiva contra la subversión comunista, ni preparados para tomar tal acción. En la ausencia de tal convicción, o acción, cualquier gobierno que hubiese resultado hubiese estado en peligro inminente de subversión”.

Los otros dos aspectos tenía que ver con la salida del país o de sus cargos, de militares de ambos bandos y el nombramiento de sus sustitutos, asunto en el que, según Bundy, el PRD había sido “bastante inflexible”. En los archivos de Johnson hemos encontrado una lista de 20 izquierdistas que Estados Unidos quería que fuesen deportados o ubicados en una isla, como la Saona. Las razones por las cuales la “fórmula Guzmán” no funcionó son muchas y merecen un libro, pero este intercambio epistolar entre Bosch y Bundy ayuda mucho a entenderlas.

Bernardo Vega es licenciado en Economía por el Wharton School de la Universidad de Pensilvania. Es director del Centro de Estudios Dominicanos de Funglode, miembro numerario de la Academia Dominicana de Historia, y principal ejecutivo de la Fundación Cultural Dominicana. Es autor de más de 40 libros, la mayor parte de ellos sobre historia dominicana, aunque también ha escrito novela, análisis económicos y obras sobre Arqueología. Fue embajador dominicano ante la Casa Blanca y director del periódico El Caribe.

Notas

¹ Fue redactado por John Bartlow Martin.


MÁS DE ESTE AUTOR


Las falsas hazañas de Trujillo

Se atribuyen a Trujillo falsas hazañas. Haití logró su control aduanal y obtuvo su moneda propia seis años antes que los dominicanos. Cuando se creó el Banco Central dominicano tan solo tres países más no lo tenían. La industrialización del país fue una de las más lentas de la posguerra. El dictador quitó tierras a empresarios para sembrar su caña. La delimitación fronteriza la logró Horacio Vásquez y lo que hizo el dictador en 1935 fue entregar a los haitianos tierras que ya eran dominicanas.
Leer artículo completo

Dónde nos ubican

El “dilema dominicano” no consiste solamente en saber cómo nos ve el resto del mundo, también es un verdadero dilema para los propios dominicanos; de ahí la necesidad de entender bien la difícil ubicación geopolítica de la República Dominicana en el Caribe contemporáneo y de plantearse la conveniencia de asociarse a Centroamérica o a las Antillas.
Leer artículo completo

El país, dividido frente al tema haitiano

La actitud de los diferentes sectores de la sociedad y la economía dominicana frente a la inmigración ilegal y la presencia indocumentada de haitianos en nuestros país ha ido variando a través de los años, en la medida en que esa misma presencia se ha ido intensificando. El resultado: un país dividido frente al tema haitiano.
Leer artículo completo

La Revolución dominicana

Este artículo de Juan Bosch nunca había sido traducido al español y es conocido por muy pocos dominicanos, ya que se publicó en la revista norteamericana The New Republic el 24 de julio de 1965, es decir, apenas tres meses después de iniciada la Guerra Civil Dominicana, momento en que el contacto entre dominicanos y el resto del mundo era bastante limitado.
Leer artículo completo